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Reflexiones de Laura Cárdenas

 No, yo no puedo echarle la culpa a él. Si cuando nos casamos hubiera entendido que no había necesidad de tants cosas, que no iba a pasar nada, que el suelo no se iba a resquebrajar ni caer uuna gran tormenta cuando yo bajara y oyera mi voz. Pero me forcé, quise ser una mujer como todas, dulce ama de casa, lavadora de ropa automática, hacedora de sexo... Ahora todo se rompe en mil pedazos y los cristales no están en el suelo están en mi carne y me sangran; los cristales me sangran. Mi único recurso es escribir, allí me encuentro a mí misma. Las palabras son yo. Sólo escribiendo puedo verme. Después y antes yo no sabía quien era. Ratona, marciana, lunática, pero no un ser de este mundo, quizá el eslabón que no embona; la pieza perdida de un rompecabezas que ya no importa. Para concretar algo hay que perder algo, yo estoy licuándome, deshaciéndome para encontrar eso de adentro, eso que soy inmensamente. La contenedora, la Coatlicue, la dueña de todo y dueña de nada, la inmersa en el ...